segunda-feira, 10 de julho de 2017

Magia mexicana para que no te vayas hablando…


Escrito por MAURIZIO BAGATIN

“No existe la historia, existen las historias”  - Paco Ignacio Taibo II -

Ni tan lejos ni tan cerca sino a una justa distancia, las leyendas, estas mentiras que el tiempo y el espacio transforma, hasta plasmarlas en fuerzas del nuestro persuadido sujetarnos, son las interpretaciones de un silbido de un tren, de la lejanía de unos coyotes, de las odiseas de los migrantes envueltos en el maldito sueño americano. Y Malcolm Lowry, sepultado bajo el volcán abraza una Iztaccihuatl imaginaria, mientras el Popocatepetl mira de lejos el centro del lago de la luna: la realidad no es la verdad porque nada ocurrió como se cuenta, pero todo es verdad.

La violencia del hombre, la violencia de la tierra, algún día sembrada, es cíclicamente de retorno, en esta tierra donde hay siempre un Espartaco, donde vive una semilla aún rebelde a su condición, un violentar para entender no es nada más que esta condición fluctuante, inconstante, relámpago, fruto de la misteriosa y persistente presencia de paradojas trágicas, de atrincheradas soledades y de enmascaradas melancolías.

Un poeta cantinflesco y de pleonástica locuela, expresa en sus sonrisas maravillosos agrados y magníficas indignaciones, como un Mixtli contemporáneo sin memoria y sin pecado venial, puro como una Malinche libre de estereotipos… sigue hablándole a sus nopales, cada sonrisa es una expresión sentimental: se ríe siempre para no llorar, se llora para no reírse de una comedia humana que quizás refleja en su espejo la sola puerta que nunca tuvo y jamás tendrá  una llave, como si todo fuera solamente un sueño.                                                                            

Hemos sembrado vida, no la semilla que el hombre quiere eternizar sino las bellezas y los frutos que el tiempo nos permitió metamorfosear, la elemental evolución de la voluntad del hombre, la más grande poesía en simbiosis con la tierra… un calendario de Galván, un Bepo Gobo de Casier, todas las biodinámicas germinadas gracias al conocimiento, como en El eclipse de Augusto Monterroso.                                                                                                                                             
Así Joaquín le ganó el miedo a la palabra y mañana tendrá todo el tiempo de la vida para su milpa… y Rosalba, sonrisa desenfrenada, apocalíptica en su entusiasmo y en su voluntad… y qué decir del emigrante, del innato viajero que al retorno encuentra su Comala, su ciudad tejida en la amnesia… la ciudad del tianguis sumiso… el nombrado flor de turquesa del maíz. Puente colgante entre las eras/puente de sangre fría/eje del movimiento… así la Salamandra del Poeta, el inmortal Axolotl del poeta que quizás quiso devolver la vista a los ciegos, mostrarles una de las infinitas partículas moleculares del misterio que oculta y revela el milagro de la vida: mañana no podemos seguir viendo y no ver.                                                                                               

El chinampero Pedro Méndez, con su mirada profética e histórica… recordando el futuro e imaginando el pasado… nos acompaña en un viaje a las raíces de una civilización que dominó su tierra, observando la luna y admirando el sol, ganándole a toda persecución y respetando todos los ciclos naturales, cultivó la vida, sembraron y cosecharon sus alimentos… en su sincera y enérgica postura, en su alegre y firme palabra, sigue viva la semilla de un pasado encantador y el plasma globular del futuro.                                                                                                                     
Dejamos todo el pesimismo de hoy para tiempos mejores.
                                                                        
Una mujer que busca su pasado se encuentra con una Heimatlosigkeit hecha de negritud, de dinastías viandantes, de viajeros del ayer y de irrequietos del hoy; un semen reconducible a la primera luz, al dilúculo que separó tinieblas imaginarias y mitos fantásticos… para un mañana hecho de campesinos en vuelo por el mundo.  
                                                                                                
El Bocho no anda más, este mito mexicano que con su verde, más allá de la esperanza y de todas las ilusiones, me dejó la imagen psicodélica de una generación, la de la noche de Tlatelolco, la de los jóvenes que querían la luna, la de los en fuga de la siempre vieja Europa o escapando y escondiéndose de los gringos, de cuando México era un imaginario utópico para jóvenes rebeldes de todo el mundo: el color pálido y desafortunado de los taxis de hoy es más triste que la noche triste de Cortés.                                                                                                                     
Iquí Balam hombre de maíz, el Teocintle domesticado por el hombre que se vuelve Zea Mays, es sangre y carne, huesos y espíritu, es religión y tradiciones, agricultura y astronomía, es matemática y es guerra, todo gira alrededor de su vida, todo se concentra adentro de su esencia, todo se encierra en este grano mágico y mítico, dono eterno del Cem Anahuac para la humanidad. Tortillas del color de la tierra, de la línea alba, del color de un arcoíris lleno de vidas y de ayer… tamales embriagadores, pozoles afrodisiacos, salsas con muchas inocencias imperfectas, sincretismo culinario para paladares porosos y revolucionarios. Alimento de dioses y de santos, de pecadores y de comunes mortales. Xinachtli mágica y encanto para todas las cefalinas.

Toda experiencia es madre de una ciencia, lo popular se hace común y un escoger la gallina de los huevos de oro vale la receta de un licor, el reconocer una hierba o una flor, darle nombre en cada región a una planta o un animal, ponerle esta pizca de unicidad, este toque de originalidad a toda acción y en cada receta, esta es la historia del hombre, estas son las historias de los hombres: hasta que no serán escritas quedará el vacío de una pieza única, la cual compondrá el mosaico infinito del universo, la poesía de un desacierto que solamente al narrarlo recompone lo que nos asemeja: los traspiés y los logros.                                                                                                       

Toda luna, todo año, todo día, todo viento/camina y pasa también. /Toda sangre llega al lugar de su quietud, /como llega a su poder y a su trono...                      

También y sobre todo allá donde vivieron algún día los hombres de hule.


[Fuente: sugieroleer.blogspot.com]

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