segunda-feira, 13 de fevereiro de 2017

Álex de la Iglesia: “Me gusta filmar un diálogo como si fuera una pelea”

Entrevistamos al director español Álex de la Iglesia, que estrena mundialmente en la Berlinale su última película, El bar



Escrito por Alfonso Rivera 

El cineasta bilbaíno Álex de la Iglesia aterriza en la 67ª Berlinale estrenando mundialmente -en sección oficial y fuera de concurso- El bar [+], y como productor de Pieles [+], debut de Eduardo Casanova, en la sección Panorama.

Cineuropa: Acudes a Berlín con dos películas: Pieles, como productor, y El bar, también como director.

Álex de la Iglesia: No lo esperábamos y estoy muy contento por las dos. Es curioso lo bien que se acoge mi cine fuera: hay un factor sorpresa. En cambio, en España es difícil lidiar con la opinión de un país cada vez que estrenas una película: es como presentarse a un examen vital constante. Además, lucho contra mí mismo cuando se me compara con mis películas anteriores, como cuando llegas a un restaurante y echas de menos a la antigua cocinera: todo ello forma parte de un folklore que me divierte y me da la sensación de jugar en casa. Cuando me moleste la reacción de los demás, tendré que dejar de hacer cine. 

Diriges y produces: ¿se puede decir que vives permanentemente en el cine? 

Sí, he conseguido que el cine disfrace la vida, que no haya tiempos muertos. Todo es cine, porque cuando no ruedo, estoy preocupado como productor. Estoy viviendo un sueño: soy más feliz solucionando los problemas de los demás, como si yo fuera la ONG Directores sin fronteras (risas).

Produces a Eduardo Casanova igual que hizo Pedro Almodóvar con tu primera película: Acción mutante.

Sin duda. Apetece hacerlo cuando ves a alguien que tiene pasión de verdad. Pieles no es arriesgada, es temeraria: fascinante, un trabajo de dirección increíble, con un mundo personal indefinible. Le tengo un respeto tremendo a Eduardo: me gustaría poseer su valor. Me encanta esta faceta mía de ser como “el abuelo de los pitufos”: entrar en rodaje y decir que dejen al niño rodar bien, sin agobiarle.

En tu película El bar aparecen de nuevo nuestras taras: envidia, desconfianza, la paranoia…

Sí. El otro día leí una noticia que me mostró el eslabón que falta entre el hombre y el mono: un grupo de bañistas felices se hacen selfies con un delfín… hasta que lo matan. Eso es el ser humano: no tenemos una visión global de las cosas y por hacernos un selfie con un delfín acabamos matándolo. Eso mismo lo hacemos con las personas: si me salvo yo, que se fastidien los demás. Nadie es consciente de que puede provocar una catástrofe en cualquier momento: las cosas funcionan cuando lo ves todo en conjunto, no cuando solo te miras el ombligo.

¿Has rodado en un bar de verdad?

Todo es un decorado, una apuesta muy grande, pues me decían: no se va a dar cuenta nadie. Me gusta mucho la técnica, el oficio de cineasta, jugar con la obturación y la profundidad del campo; cuando llevas tantas películas empiezas a disfrutar con ello, te sale de manera natural. Antes pensaba qué objetivo tenía que poner: después de 14 películas, ya no tengo que hacerlo… Eso genera nuevos retos: por eso en mi siguiente film, Perfectos desconocidos (leer más) eso aún es más extremo: en una mesa. Me gusta filmar un diálogo como si fuera una pelea.

Repites con Terele Pávez, Blanca Suárez, Carmen Machi… tras Mi gran noche [+].

Me encanta el concepto de troupe circense, pero no es más que egoísmo: ya sé cómo funcionan. Así consigo rodar poco, muy rápido y muy duro.


[Foto: Lorenzo Pascasio - fuente: www.cineuropa.org]

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