terça-feira, 14 de fevereiro de 2017

Las talegas de oro

Entre matorrales y montañas, bajo el sol del desierto de Coyame se ubica un rancho conocido por los lugareños como “La Cantera”. El rancho, el cual se encuentra en el Ejido San Pedro, tiene una de las leyendas que más ha despertado el interés de los pobladores y fuereños que han tenido conocimiento de lo que supuestamente se esconde bajo la tierra blanca y desértica.
Pasado. En la época de la Revolución Mexicana, el municipio de Coyame jugó un papel preponderante para las tropas de Toribio Ortega y posteriormente para las del General Villa. Batallas y traiciones se libraron en suelo coyamense, entre los mezquites y las lechuguillas como mudos testigos de uno de los períodos más importantes de la historia del país.
Fue durante ese período cuando Villa le encargó a uno de sus soldados que trasportara unas talegas de oro, sin embargo, las temperaturas extremas que se registraron durante esos días provocaron que el enviado muriera, por lo que las talegas nunca llegaron a su destino y el General, fiel a su estilo, montó en cólera.
Muerte. Mandó a más soldados a buscar el oro, pero el mismo clima infernal que acabó con la vida del primer enviado también acabó con la tropa que acudió a buscar las talegas.
El tiempo corrió, culminó la Revolución y con ello inició la repartición de ejidos y el resurgimiento de ranchos. Un hombre originario del poblado de San Pedro, en el municipio de Coyame, reclamó como suyos los terrenos que se ubican a las faldas de la sierra y construyó una casa donde comenzó con la crianza de chivas.
La luz. Una noche, allá por los años 50, el hombre y su familia estaban en el exterior de la vivienda de adobe después de cenar, cuando una luz empezó a moverse entre los matorrales, a unos 500 metros de distancia de donde estaban. Los habitantes de “La Cantera” pensaron que algún viajero venía en camino, pero tras unos minutos la luz seguía sin moverse y de pronto desapareció. Fue en ese instante cuando Don Cruz, como era conocido, tomó su caballo y acudió en búsqueda del supuesto viajero desaparecido, sin embargo, no encontró nada.
Ahí inició la leyenda. La historia de la fantasmal aparición se corrió entre los lugareños e iniciaron la búsqueda, pues un anciano que alguna vez fue Dorado de Villa contó la historia de las talegas desaparecidas y la fiebre del oro no se hizo esperar.
Durante décadas decenas de personas, ya sea de los poblados que se encuentran cerca de “La Cantera”, pero también de los Estados Unidos y de otras ciudades de Chihuahua se han dedicado a buscar las talegas con detectores de metales, pero jamás han sido encontradas.
De vez en cuando, en las noches más frías y oscuras, esa luz vuelve a aparecer, como para recordarle a quien la ve que bajo la tierra blanca del desierto, una fortuna en oro se encuentra guardada cien años después de haber sido perdida.

[Fuente: www.elpueblo.com]

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