sexta-feira, 8 de novembro de 2013

CÓMO HABLAR Y ESCRIBIR EN POSMODERNO

Una guía útil y rápida

“El lenguaje posmoderno requiere que uno utilice el juego, la parodia y la indeterminación como técnicas esenciales para señalar esto. A menudo éste es un requerimiento difícil, así que la oscuridad funciona con un buen sustituto”. Haga caso e impresione al lector.


Las reglas


1. Primero, tiene que recordar que un lenguaje que sea expresado de una manera plana no viene al caso. Éste es demasiado realista, modernista y obvio. El lenguaje posmoderno requiere que uno utilice el juego, la parodia y la indeterminación como técnicas esenciales para señalar esto. A menudo éste es un requerimiento difícil, así que la oscuridad funciona con un buen sustituto.


Por ejemplo, imaginemos que quiere decir algo así como: “Deberíamos de escuchar las opiniones de las personas que se encuentran fuera de la sociedad occidental para aprender acerca de los prejuicios culturales que nos afectan”. Ésta es una forma honesta pero aburrida de decirlo. Tomemos la palabra “opiniones”. El-habla-posmoderno cambiaría esa palabra por “voces”, o mejor a “vocalidades”, o aún mejor, a “multivocalidades”. Añádale un adjetivo como “intertextual” y estará cubierto. “Las personas que se encuentran fuera” también suena demasiado plano. ¿Qué tal “los otros postcoloniales”?

Para hablar el posmoderno propiamente uno tiene que dominar un montón de prejuicios además del racismo, el sexismo, el edadismo, etcétera. Por ejemplo, el falocentrismo. Para terminar, “nos afectan” suena como a un juego de niños. Utiliza más frases y verbos oscuros como “regulan nuestras identidades”.

Así que la declaración final debería decir lo siguiente: “Deberíamos de escuchar las multivocalidades intertextuales de los otros poscoloniales que se encuentran fuera de la cultura occidental para aprender acerca de los prejuicios falocéntricos que regulan nuestras identidades”. Ahora sí está hablando posmoderno.

2. Puede que a veces se encuentre en apuros y no cuente con el tiempo necesario como para lograr reunir el mínimo de sinónimos y neologismos posmodernos requeridos para evitar el ridículo. Recuerde, es aceptable decir la cosa equivocada siempre y cuando lo diga de la manera correcta.
Lo que me lleva a la segunda estrategia importante para poder hablar posmoderno —la cual implica usar la mayor cantidad posible de sustantivos, prefijos, guiones, diagonales, subrayados y cualquier otra cosa que su computadora (absolutamente esencial para escribir posmoderno) pueda ofrecer. Puede hacer una tabla de referencia muy sencilla para evitar las demoras. Trace tres columnas. En la columna A incluya los prefijos: post-, hiper-, pre-, de-, des-, re-, ex-, y contra-. En la columna B ponga los sustantivos y las terminaciones relacionadas: -ismo, – , -tricidad.
En la columna C agregue una serie de nombres respetados que pueden pasar por adjetivos impresionantes o escuelas de pensamiento; por ejemplo: Barthes (barthesiano), Foucault (foucaulteano, foucaultianismo), Derrida (derrideano, derrideanismo).

Y ahora, para hacer una prueba, digamos que quiere decir o escribir algo así como: “Los edificios contemporáneos son alienantes”. Éste es un buen pensamiento, pero claramente no se trata de una frase ganadora. Ni siquiera se le ofrecería una segunda ronda de galletas y queso en la recepción de una conferencia con semejante renglón. Vuelva a las tres columnas.

Primero que nada, los prefijos. Pre- es muy útil al igual que post-, o incluso usar varios prefijos a la vez sería estupendo. En lugar de decir “edificios contemporáneos”, póngase creativo. “Las pre/post/espacialidades de la contra-arquitectónica hiper-contemporaneidad” es más prometedor. Tendrá que deshacerse del término caduco y débil “alienante” y reemplazarlo con palabras cargadas de sustantivos de la columna B. Qué tal “antisocialidad”, o incluso sea más posmoderno e introduzca ambigüedad con la frase adjunta: “antisocialidad/seductividad”.

Ahora vaya a la columna C y saque un puñado de nombres de quienes todos estarán de acuerdo en que su trabajo es importante y que muy pocos han gozado del tiempo y de la afinidad necesaria como para leerlos. Ante la indecisión, la mejor opción sería escoger a teóricos de la Europa continental. Yo recomiendo al sociólogo Jean Baudrillard, ya que éste ha escrito una vasta cantidad de material complicado sobre el espacio posmoderno. No olvide hacer una que otra mención sobre el género. Finalmente, agregue unas cuantas palabras suaves y fluidas que logren atar todo el embrollo, y no olvide añadirle los guiones, las diagonales y los paréntesis.

¿Cuál es el resultado obtenido? “Las pre/post/espacialidades de la contra-arquitectónica hiper-contemporaneidad nos (re)compromete a una recurrentealidad ambivalente de antisocialidad/seductividad, un enunciado dentro de un discurso des/generizado-baudrillardeano de subjetividad granulada”. Debería de poder oír caer un alfiler post-industrial sobre el piso retrocultural.

3. En algún punto puede que alguien le pregunte de qué está hablando. Éste es el riesgo al que se ven expuestos todos los que hablan el posmoderno y debe de ser cuidadosamente evadido. Siempre tiene que darle la impresión al interrogador en turno de que no ha entendido el punto, y entonces lance otra descarga verbosa de habla-posmoderno en dirección suya a manera de “simplificación” o “clarificación” de su declaración original. Si eso no funciona, puede que se vea varado con el pensamiento terriblemente modernista de “no lo sé”. No se preocupe, sólo conteste lo siguiente: “La inestabilidad de su pregunta me deja con varias respuestas con capas contradictoriales cuya interconectividad no puede expresar la coherencia logocéntrica que usted busca. Sólo puedo decir que la realidad es más irregular y que sus (mal) representaciones son menos fidedignas de lo que el tiempo nos permite explorar”. ¿Alguna otra pregunta? ¿No?, pues entonces pasen el queso y las galletas. ®
Texto original de Stephen Katz, traducido por Ari Volovich.
[Fuente: www.revistareplicante.com]

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